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“Psicosis por IA”: ¿puede un chatbot hacernos perder el contacto con la realidad?

Una reflexión sobre inteligencia artificial, delirios y salud mental: qué sabemos hasta ahora y por qué los chatbots pueden convertirse en un interlocutor problemático en situaciones de vulnerabilidad psíquica.


Persona conversando con un chatbot de inteligencia artificial, en una nota sobre psicosis por IA, delirios y salud mental.
La interacción prolongada con chatbots abre nuevos interrogantes sobre la relación entre inteligencia artificial, delirios y salud mental.

Hablar con una inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana. La usamos para trabajar, estudiar, buscar información, resolver problemas y, cada vez más, también para hablar sobre aquello que nos preocupa.

Algunas personas incluso mantienen conversaciones durante horas con un chatbot sobre sus emociones, sus relaciones o situaciones difíciles de su vida.

Pero ¿qué sucede cuando la inteligencia artificial comienza a confirmar que somos destinatarios de mensajes especiales, que descubrimos algo que nadie más puede comprender o que existe entre nosotros y el chatbot una conexión única?

En el último tiempo comenzó a circular una expresión inquietante: “psicosis por IA”.

El término llamó rápidamente la atención porque comenzaron a conocerse situaciones en las que personas con ideas delirantes mantuvieron conversaciones muy extensas con sistemas de inteligencia artificial que, en lugar de cuestionar esas ideas, continuaron desarrollándolas.

Sin embargo, es importante aclararlo desde el comienzo: la “psicosis por IA” no es actualmente un diagnóstico reconocido y no existe evidencia suficiente para afirmar que hablar con un chatbot provoque, por sí solo, una psicosis.

Lo que está comenzando a investigarse es algo más complejo.


¿Qué significa “psicosis por IA”?


Para entender el fenómeno, primero necesitamos saber qué es una psicosis.

La psicosis es una alteración importante de la relación que una persona mantiene con la realidad. Puede incluir delirios, alucinaciones, alteraciones del pensamiento y cambios significativos en el comportamiento.

Un delirio, por su parte, no es simplemente tener una idea equivocada.

Se trata de una convicción que adquiere para la persona una enorme certeza y que puede resultar muy difícil de cuestionar, incluso cuando otras personas intentan mostrarle evidencias diferentes.

Por ejemplo, alguien puede estar absolutamente convencido de que determinados mensajes de televisión están dirigidos exclusivamente hacia él, que otras personas lo persiguen o que posee una misión especial que los demás todavía no comprenden.

Cuando actualmente se habla de psicosis por IA, se suele hacer referencia a situaciones en las que este tipo de ideas aparecen, se desarrollan o se intensifican durante conversaciones prolongadas con sistemas de inteligencia artificial.

Pero esto no significa que la inteligencia artificial sea necesariamente la causa.


¿Puede un chatbot provocar una psicosis?


Hasta el momento, no podemos afirmarlo.

Millones de personas utilizan herramientas de inteligencia artificial diariamente sin desarrollar síntomas psicóticos.

La pregunta que preocupa a investigadores y profesionales de la salud mental es otra:

¿Puede un chatbot reforzar determinadas ideas delirantes en una persona que se encuentra en una situación de vulnerabilidad psicológica?

Y acá aparece uno de los aspectos más interesantes del problema.

Cuando buscamos algo en Google, recibimos una serie de resultados.

Cuando hablamos con una inteligencia artificial ocurre algo diferente.

La IA nos responde.

Podemos volver a preguntarle.

Puede continuar nuestra idea.

Puede adaptar su respuesta a lo que acabamos de decir.

Y podemos mantener esa conversación durante horas.

Ese intercambio puede generar una sensación muy diferente a la de simplemente consultar información en Internet.


El problema de un interlocutor que siempre responde


Imaginemos que una persona comienza a pensar que determinados acontecimientos de su vida no son casuales.

Quizás empieza a preguntarse si algunas canciones contienen mensajes destinados exclusivamente a ella.

Entonces se lo pregunta a una inteligencia artificial.

El chatbot responde.

La persona agrega nuevos detalles.

El chatbot vuelve a responder.

A partir de esa respuesta aparece una nueva interpretación.

Y comienza otra conversación.

Si el sistema continúa siguiendo la lógica propuesta por la persona sin introducir suficiente cautela o cuestionamiento, puede generarse un circuito en el que cada respuesta parece confirmar la anterior.

Esto resulta especialmente importante cuando existe una idea delirante.

Una persona puede comenzar a interpretar las respuestas del chatbot como nuevas “pruebas” de aquello que ya cree.

Y cuanto más pregunta, más material recibe para continuar construyendo esa interpretación.

Algunos investigadores comenzaron a estudiar precisamente este tipo de espirales de amplificación.


¿Por qué una conversación con IA puede sentirse tan personal?


Hay otra característica que vuelve particularmente interesante este fenómeno.

Sabemos que estamos hablando con una máquina.

Pero la experiencia puede sentirse bastante diferente.

Un chatbot utiliza lenguaje, responde inmediatamente, retoma aquello que contamos y puede utilizar expresiones que transmiten comprensión o cercanía.

Además, está disponible prácticamente todo el tiempo.

No se cansa.

No necesita dormir.

No se molesta porque volvamos a hacer la misma pregunta.

Y puede sostener durante horas una conversación sobre un mismo tema.

Para alguien que atraviesa soledad, aislamiento o un momento de gran sufrimiento emocional, esa disponibilidad puede resultar especialmente atractiva.

El problema aparece cuando la inteligencia artificial deja de ser utilizada como una herramienta y comienza a convertirse en la principal referencia para interpretar lo que está ocurriendo en la realidad.


Una mirada desde el psicoanálisis


El psicoanálisis permite agregar otra pregunta interesante a este fenómeno.

Para Freud, un delirio no era simplemente una idea absurda que había que eliminar.

También podía ser entendido como un intento de la persona por reconstruir una realidad que, por algún motivo, se había vuelto difícil de sostener.

Lacan profundizó posteriormente el estudio de las psicosis y mostró la importancia que pueden adquirir el lenguaje y determinadas certezas para quien atraviesa una experiencia psicótica.

Desde esta perspectiva, resulta especialmente interesante pensar qué lugar puede ocupar una inteligencia artificial para una persona que comienza a construir una explicación delirante de aquello que le sucede.

El chatbot responde.

Y esas respuestas pueden adquirir un significado mucho mayor del que tienen para cualquier otro usuario.

La inteligencia artificial no tiene una intención secreta, no conoce verdades ocultas sobre nuestra vida y no establece una relación especial con una persona.

Pero alguien puede comenzar a experimentar sus respuestas de esa manera.

Ahí aparece una distinción fundamental:

una cosa es lo que la inteligencia artificial realmente es y otra muy diferente es el lugar que puede llegar a ocupar para quien conversa con ella.


Cuando “la IA me entiende mejor que nadie”


También puede suceder algo menos extremo y mucho más cotidiano.

Una persona atraviesa un momento difícil y comienza a conversar con un chatbot.

Recibe respuestas amables.

Puede contar algo a cualquier hora.

No siente vergüenza.

No teme ser juzgada.

Y comienza a experimentar que “la IA me entiende mejor que las personas”.

Esto no significa que exista necesariamente un problema.

Conversar con una herramienta puede incluso resultar útil para ordenar pensamientos o buscar información.

La señal de alerta aparece cuando progresivamente empieza a reemplazar los vínculos con otras personas o cuando se convierte en la única fuente utilizada para comprender lo que nos está sucediendo.

Porque hay algo que los vínculos humanos pueden introducir y que resulta fundamental para nuestra relación con la realidad: el desacuerdo.

Un amigo puede decir:

"Eso que estás pensando me preocupa."

Un familiar puede advertir que nuestro comportamiento cambió.

Un psicólogo puede evaluar si determinadas experiencias requieren atención clínica.

Una inteligencia artificial, en cambio, puede equivocarse, interpretar mal lo que decimos o generar una respuesta aparentemente convincente aunque la información sea incorrecta.


¿Cuándo debería preocuparnos?


No toda persona que utiliza mucho la inteligencia artificial está desarrollando una psicosis.

Tampoco una conversación extraña con un chatbot significa necesariamente que exista un problema de salud mental.

Lo importante es observar el conjunto de la situación.

Algunas señales merecen especial atención cuando una persona comienza a estar absolutamente convencida de que una inteligencia artificial:

  • posee una conciencia secreta que solamente ella logró descubrir;

  • le envía mensajes especialmente destinados a ella;

  • conoce información oculta sobre su vida;

  • le asignó una misión extraordinaria;

  • mantiene con ella una relación exclusiva o especial;

  • confirma que familiares, profesionales u otras personas forman parte de una conspiración.

También resulta importante prestar atención si aparecen aislamiento creciente, abandono de responsabilidades, falta prolongada de sueño, miedo intenso, conductas riesgosas o cambios importantes en el comportamiento habitual.

En estos casos, continuar preguntándole al chatbot si aquello que creemos es verdadero puede no ser la mejor estrategia.

Es recomendable consultar con un profesional de salud mental.


La inteligencia artificial no reemplaza una terapia


Que una inteligencia artificial pueda hablar sobre emociones no significa que esté haciendo psicoterapia.

Una terapia no consiste simplemente en recibir respuestas amables, consejos o explicaciones sobre lo que sentimos.

Un profesional puede escuchar la historia de una persona, evaluar cómo se encuentra, detectar cambios importantes en su funcionamiento y decidir cuándo una situación necesita otro tipo de intervención.

Desde el psicoanálisis, además, escuchar no significa confirmar todo aquello que una persona dice.

A veces implica preguntar.

Otras veces, señalar una contradicción.

Y muchas veces implica acompañar a una persona a encontrar sus propias palabras para aquello que le está sucediendo.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta extremadamente útil.

Pero no debería convertirse en nuestra única referencia para interpretar la realidad ni reemplazar una consulta profesional cuando existe un sufrimiento psicológico significativo.


Entonces, ¿existe realmente la “psicosis por IA”?


Por ahora, la respuesta requiere cautela.

La “psicosis por IA” no constituye una nueva enfermedad reconocida y todavía no sabemos hasta qué punto la interacción con chatbots puede intervenir en el desarrollo o la intensificación de determinados síntomas.

La investigación sobre este fenómeno recién está comenzando.

Por eso conviene evitar dos extremos.

No necesitamos pensar que hablar con inteligencia artificial inevitablemente puede hacernos perder el contacto con la realidad.

Pero tampoco deberíamos asumir que mantener conversaciones cada vez más íntimas y prolongadas con sistemas diseñados para respondernos es completamente irrelevante desde el punto de vista psicológico.

Quizás la pregunta más interesante no sea solamente si la inteligencia artificial puede provocar una psicosis.

También podemos empezar a preguntarnos:

¿qué lugar estamos dándole a la inteligencia artificial dentro de nuestra vida emocional?

A medida que estos sistemas se vuelven más presentes, personalizados y conversacionales, comprender esa relación será uno de los nuevos desafíos para la psicología y la salud mental.


Si vos o alguien cercano experimenta ideas difíciles de contrastar con la realidad, cambios importantes en el comportamiento, aislamiento o un uso de la inteligencia artificial que comienza a interferir con la vida cotidiana, realizar una consulta profesional puede ser importante.


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